Casi ocho décadas de prohibición del cannabis han creado un paisaje único de estigmas y mitos. La salud mental, el funcionamiento cognitivo e incluso nuestras tendencias conductuales se han visto arrastradas por la tormenta de “Reefer Madness”. Afortunadamente,  ahora vivimos en una era emocionante en la que la información errónea se elimina con la ciencia emergente. Aquí hay tres estudios más que contribuyen a desentrañar el mito y la realidad del cannabis.

1. Ansiedad y cannabis: una calle de doble sentido

La ansiedad puede ir en cualquier dirección con el cannabis: algunos consumidores pueden sentirse paralizados por la paranoia, mientras que otros pueden dejar que las preocupaciones se desvanezcan con la exhalación. Un nuevo estudio publicado en la revista Neuron explora aún más el efecto de la marihuana en la amígdala, el área del cerebro asociada con el miedo y la ansiedad. Los datos de modelos animales mostraron que la amígdala produce sus propios compuestos parecidos a la marihuana llamados endocannabinoides, que actúan principalmente para reducir la ansiedad. En cuanto a las personas que informan un aumento de la paranoia, el equipo de investigación especula que sus receptores de cannabinoides son más sensibles a las inundaciones repentinas de THC. Sin embargo, se necesita más investigación que sustente esta teoría.

2. Memoria de trabajo no afectada por el cannabis

Podría decirse que el efecto secundario más molesto del cannabis es esa sensación de distracción y desenfoque que te lleva a hacer cosas como olvidar el punto de la historia que estabas contando o usar una pipa de vidrio cargada para revolver el guacamole en lugar de una cuchara. Un estudio reciente publicado en Addict Biology nos asegura que los efectos secundarios como estos son de hecho solo a corto plazo. Una evaluación de tres años de grandes consumidores actuales, grandes consumidores abstinentes y no consumidores demostró que el consumo de cannabis no afecta la función de la red de memoria de trabajo, la memoria a corto plazo responsable del procesamiento verbal y visual.

3. Consumo de cannabis arriba, consumo de cocaína abajo

La ciencia y las encuestas recientes han reducido la teoría de la “droga de entrada” de la marihuana a restos hechos jirones, pero mientras haya personas que se suscriban a ella, recibiremos pruebas adicionales con los brazos abiertos. Un nuevo análisis que abarca de 2006 a 2010 muestra que el consumo de marihuana ha aumentado más del 30 por ciento, mientras que el consumo de cocaína ha caído un asombroso 50 por ciento. “Estas cifras son consistentes con los indicadores del lado de la oferta, como las incautaciones y las estimaciones de producción”, agregaron los autores del estudio.